
Autor: Jonathan Black
Editorial: PlanetaColeccion Booklet 2011
564 páginas.
Nota: 2/5
Jonathan Black escribe en la página 434 de "La Historia secreta del Mundo":
"Cualquiera que estudie los hechos atribuidos a la historia esotérica se siente frustrado por la escasez de pruebas. Casi por definición, los actos de las sociedades secretas apenas dejan huella. Si sales bien, dejan poco en lo que basarse. Sin embargo lo que se les atribuye es de suma importancia: que estas sociedades son la representación de una filosofía antigua y universal, que se trata de una creencia coherente y congruente que explica el universo de un modo más adecuado que cualquier otra y que muchos, si no la mayoría, de los hombres y mujeres importantes de la historia se han dejado guiar por ellas"
Y este el meollo de la cuestión. La idea central sobre la que reposa el edificio de "La Historia Secreta" se podría resumir en una sencilla frase: La mente precedió a la materia. Según Jonathan Black, la ciencia moderna no ha sido capaz de explicar la pregunta fundamental que todos nos hacemos alguna vez en nuestra vida, el "¿Qué hacemos aquí?" existencial. Mientras los científicos se empeñan en hacernos creer que todo se debe a una gigantesca acumulación de casualidades -hubo un big bang cósmico, se creó en un remoto planeta una especie de caldo primigenio donde se cocieron los primeros organismos unicelulares, estos se sofisticaron para crear organismos más complejos y evolucionaron, etc, etc-, Jonathan Black sostiene que tuvo que haber algo más, una voluntad o voluntades que creasen la vida en la tierra.
Estos entes son los verdaderos dioses y en el ensayo están representados por fuerzas planetarias. La tierra (Gea), la Luna, el Sol, Mercurio, Venus... son seres inteligentes que crearon la vida en la tierra y rigen los destinos de la humanidad desde entonces. Los dioses y héroes tradicionales de las diferentes mitologías no son sino trasuntos de estas entidades, así el dios de "lo Vegetal" es Osiris-Dionisio-El Hombre Verde de las culturas nórdicas y Neftis, cuñada de Osiris, es la pecadora redimida como la Maria Magdalena del Nuevo Testamento, el Noé bíblico es asociado al Krisna hindú... Partiendo de esta premisa Jonathan Black pone en duda toda la historia tal y como nos la han enseñado: en su visión de la evolución, el hombre no desciende de una especie de simio, sino que más bien pasó de un estado vegetal, donde nos reproducíamos de manera asexual, a un plano animal donde "pariremos a nuestros hijos con dolor" (de ahí la leyenda bíblica de la expulsión del paraíso), etc.
Esta verdad esencial ha permanecido oculta a la gran mayoría de la humanidad y su conocimiento es proporcionalmente inverso a lo que llamamos "progreso". Isis ha mantenido levantado su velo. Sólo unos pocos adelantados, un grupo selecto de visionarios asociados a los cultos mistéricos en la antigüedad, los templarios y sufíes en la edad media y, ya en épocas más modernas, a las sociedades secretas de los rosacruces o los masones han sido capaces de salvaguardar el arcano saber. Por supuesto los genios más importantes de la humanidad (Shakespeare, Cervantes, Newton, Picasso, Washington) y algunos otros místicos (Ramon Llull, John Dee, Paracelso y en especial Rudolf Steiner al que se debe citar en el libro unas quinientas veces) también son partícipes de la verdadera naturaleza de nuestro mundo y sus escritos y obras pueden ser interpretados en "Clave Secreta".
Me compré el libro de Black con gran ilusión y me he llevado una gran decepción. Yo esperaba una especie de mega-ensayo de la teoría de la conspiración, plagado de sociedades secretas, alquimistas, charlatanes, espías, iluminados, extraterrestres y continentes perdidos. Y aunque algo de eso hay, la "Historia Secreta" me ha parecido más bien un abstruso -a ratos incoherente, siempre machacón- tratado a medio camino entre la filosofía y la teología. Es cierto que Black se sirve de hechos históricos para su "Historia", pero siempre se encuentran supeditados a sus disgresiones metafísicas. Resultan especialmente decepcionantes sus capítulos dedicados a Masones o Templarios, por ejemplo, donde poco o nada se explica acerca de estas organizaciones como no sea un intento -desesperado en muchas ocasiones, tedioso en la mayoría-para "encajarlas" dentro de la particular cosmovisión enunciada en el libro. También resultan chocantes algunas ausencias como la de Hitler (gran vedette místico-esotérica-ocultista) o la de Mdme. Blavatsky, auténtica zarina del movimiento Teosofista y personaje que hubiese encajado a la perfección en esta "Historia". La justificación de Black para tal omisión queda explicada en la bibliografía del libro:
"La predecesora de Steiner, madame Blavatsky, es un poco conflictiva, sobre todo porque su aversión al cristianismo parece, vista en retrospectiva, algo endiablada y perversa"
¡No parecen del todo razonables estos remilgos en un libro en el que se afirma que Satán y Lucifer no solo existen, sino que son dos entes diferenciados! No sucede lo mismo con su "discípulo" Rudolf Steiner científico. humanista y esoterista austro-húngaro al que cita hasta la extenuación. Al parecer Mr. Black es una autoridad en la materia, ya que, como según el mismo comenta: "de los seiscientos volúmenes que componen su obra, debo de haberme leído, como mínimo, unos treinta." Lo que nos lleva a otro asunto peliagudo y es la total ausencia de notas al pie de página en el libro, un defecto que hoy en día resulta imperdonable en cualquier tratado que lleve la palabra "Historia" inserta en su título.
Por otro lado, no todo resulta negativo en el libro. La mayoría de las veces Jonathan Black se revela como un escritor culto y con buen dominio del lenguaje. Resulta especialmente conmovedora -en el sentido más chauvinista de la palabra- la importancia que concede a España en su "Historia Secreta" de la que llega a decir que "tal vez sea el país europeo en el que lo sobrenatural roza más la superficie de lo cotidiano", en la que quizás sea la definición más acertada de la política y sociedad españolas que se ha hecho en décadas. Bromas aparte, personajes clave como Cervantes, Santa Teresa, Ortega y Gasset y Picasso desfilan por su libro y Black -dejando de lado algunos deslices como que Moctezuma fue asesinado por Cortés o que el carnaval es un fiesta de especial importancia en Barcelona (yo como Barcelonés no acabo de verlo)- demuestra soltura y conocimiento a la hora de hablar de España. De hecho, parece bastante claro que Black se ha leído El Quijote en su totalidad, gesta de la que pocos españoles -sospecho, me temo- podemos jactarnos.
The Bottom Line: un libro en el que Black nos insta a "abrir nuestra mente, realizar un acto de fe". Para mí el verdadero acto de fe, la auténtica ordalía, ha sido conseguir terminarlo.
Ups: Las ilustraciones. Misteriosas y prolijamente anotadas proporcionan un alivio momentáneo a una lectura tediosa. Algunos pasajes de mitología comparada resultan interesantes.
Downs: Reiterativo y aburrido. Con leer los cuatro primeros capítulos del libro bastaría. Los veinticuatro restantes son una enunciación de las mismas ideas.